sábado, 9 de abril de 2011

la ilusión óptica

El trampantojo (trampa ante el ojo) es un técnica que trata de provocar en el espectador confusión entre elementos pintados y elementos reales, para provocar la sensación de materialidad  de objetos bidimensionales. La perspectiva contribuye a reforzar la ilusión de realidad

¿dónde empieza el techo de San Ignazio? La perspectiva ilusionista

















Este es el techo de la iglesia de San Ignazio de Roma, pintado por Andrea Pozzo en 1626 Amplía la imagen y piensa qué forma tiene en realidad. Pozzo trató de reproducir el cielo (bóveda celeste). Esas ventanas, ¿crees que son reales? ¿y la cúpula? Piensa en las ventajas  y las posibilidades de la corrección en la perspectiva. Busca otra imagen de la misma bóveda desde otro punto de vista.

Ilusión y trampantojo van unidos aunque no son equivalentes. Mientras que el ilusionismo reclama la ayuda de la imaginación, el objetivo del trampantojo es engañar al propio ojo, mediante un duplicado de la realidad, reproducción que es la obra de arte.


reflejo del matrimonio Arnolfini













La ilusión produce en el espectador la sensación de que se encuentra en otro sitio, en un espacio imaginario, casi onírico. El trampantojo es un fragmento, un trozo fingido. El contemplador no modifica su situación en el ambiente; simplemente es engañado,por un objeto que él cree real y no es sino pintura. Como un desafío de la pintura para que se admire su capacidad para engañar al sujeto.



¿Puede un objeto tridimensional ser definido desde un solo punto de vista sin dar lugar a errores de percepción? ¿qué dices de un objeto plano? Mira lo que sucede con el cubo imposible de Escher, cuando lo trasladamos al mundo en 3D ¿por qué sucede esto? ¿por qué los animales normalmente tienen dos ojos? lee este enlace sobre la visión estereoscópica.

Busca obras con puntos de vista curiosos, que juegan con el espectador, como la de aquí abajo, el Cristo muerto de Mantegna. En alguna peli antigua de romanos, trata de distinguir los decorados de paisaje, fíjate como se sugiere la distancia, ¿detectas los trucos de efecto?

el escorzo

También puedes buscar algún videoclip que juegue con esta idea, y encontrar transformaciones asombrosas como las que suceden en la peli de Christopher Nolan, Inception (Origen en español). Visita este otro enlace para verlo.

¿Conoces al ingeniero japonés Kokichi Sugihara? Mira esto !!

Y también este vídeo:


sábado, 2 de abril de 2011

sobre algunos temas en el Baldeweg de Quetglas

Lo que sigue es un comentario al texto de Josep Quetglas “La cámara clara de Salamanca [Sobre algunos temas en Baldeweg]”. En El Croquis, nº 54. 1992. pp. 28-33.


Estamos tan preocupados por la Historia, que para crear necesitamos siempre un requisito de originalidad. Así ocurre en el arte contemporáneo. “Esto ya lo han hecho, esto está manido”, en realidad prejuicios que crean una contingencia que acaba devorando la obra.

Desde la aparición del reloj (para Lewis Mumford en “Técnica y civilización”, el primer gran invento, por delante de la máquina de vapor), que divide y subdivide el tiempo, vivimos éste como una sucesión de instantes en lugar de mostrársenos como un continuo.

Por no saber o no poder remontar el curso del tiempo (…) no podemos ir hasta ellos porque entre ellos y nosotros hay un obstáculo interpuesto, que es cuanto nosotros sabemos de ellos”. Es nuestra consciencia la que nos separa, ya no podremos ser libres de no saber, hemos perdido la inocencia del que ignora. Jamás sabremos lo que fue la obra en aquel momento, nuestra óptica es la de entender la obra a través de todo lo que supuso después. He aquí una entelequia, una virtualidad, la operación mental mediante la que tratamos retrospectivamente un objeto como si siempre hubiera sido aquello que llegará a ser. “En 1933 Hitler no era todavía Hitler”. Vemos las cosas del pasado tal y como hoy se han desarrollado todas sus potencialidades. Es una visión llena de connotaciones, en las lecturas a posteriori la sugestión juega un papel determinante. Porque la entelequia es una cosa irreal que sólo existe en la mente de quien la imagina, o de quien cree conocerla.

En esta realidad inventada desde el futuro, durante el proceso de creación hay que optar, y optar es responsabilizarse. La opción del histrión es hacer lo que hizo el otro. El histrión no crea, ni se lo propone. Respeta el pasado y lo reproduce, pero con honestidad. El clásico se escapa de la no originalidad. No le importa hacer lo que le toca hacer, y lo que crea no lo sitúa en el tiempo.

Lo que Borges parece decir de Ménard, que es el que escribe “aquel mismo libro”, sin copiarlo ni reescribirlo (lo que parece un chiste), es lo que puede decirse de un arquitecto clásico, que no se plantea posicionar su obra en el tiempo, la realiza en su presente.

El arte moderno es simultáneamente inclusivo y exclusivo”. La inclusividad de un gran vientre que lo digiere todo, que absorbe cualquier obra anterior y la interpreta desde la concepción de lo presente. Incluso desplazándola de su propio contexto. Es la tribu africana. Y a la vez lo quema todo. La exclusividad de aquello que no se puede volver a hacer. El valor de lo único. Cómo el mundo capitalista fija ciertos bienes de uso inmediato, y el arte acaba siendo objeto de mercado.

Quetglás no se atreve a definir a Baldeweg, a definirlo en el sentido de catalogarlo, ni siquiera por su actividad. Porque llamarlo pintor, escultor o arquitecto en verdad es excluírlo. Obviar que es alguien que hace cosas. Como si dijéramos: “sólo hay un creador, el que en cada momento está creando”. No se debe encasillar al creador, ya que no es un ego, es creador. El creador en el momento en que está creando, es el único creador. UN creador es dependiente de la Historia, no es un ego inmenso, mientras que EL creador es independiente de la Historia. ¿Se cuestionaban su posición de creadores, verdaderos genios como Miguel Ángel o Leonardo, o simplemente se planteaban crear? El creador está por encima de lo que él es. La actividad creadora (la Arquitectura) está fuera de la Historia, pero la Historia sirve a la Arquitectura en cuanto que tiene valor como documento, y no es posible proyectar sin conocimiento.

Esta primera parte del texto de Josep Quetglás habla sobre la necesidad de que el creador se emancipe de la Historia del Arte y no se deje abrumar por los requisitos de lo moderno.

La segunda parte, que es la que sigue, habla sobre la importancia, la necesidad de ver bien. El “saber ver” de Bruno Zevi, y el “aprender a ver” de John Berger.

Rankin Waddell. Eyescapes

  









 

El ojo no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve
Antonio Machado

Peter Handke explica que el proceso de trabajo es un despojarse del traje, una despreocupación por la moda. Trabajar es crear. “La mirada que nada significa”, sobre la que no cabe opinar. La palabra por sí misma no significa nada, la palabra sólo es un signo del concepto. Significar es llevar un signo. Cuando no trabajas bien, la obra no adquiere vida propia (no dirige la mirada). Hay una mirada que está por encima del signo, del atributo, de las connotaciones que la acercan a un concepto. El lenguaje es la arquitectura, no la descripción de la arquitectura, lo que dice cuando ya está madura. Hasta que la obra no habla, todo lo que se diga sobre ella no tiene sentido.

El autor tiene que mantener la coherencia hasta el final. No debe comprenderse el proceso de creación como una sucesión de instantes donde toma decisiones independientes, eso no es libertad. La libertad en realidad es la libertad de todo el proceso, no de cada instante. La libertad consiste en buscar el proceso correcto, el trabajo te mira porque tiene una autonomía. La autonomía es la verdadera libertad.

Quetglás se sitúa en una posición objetiva para explicar mediante sus propias sensaciones, más que describir, la obra de Baldeweg. Se va acercando al lugar, penetra, se hace pequeño, atraviesa, sube. Cree estar en otro lugar (el pabellón de Barcelona, quizás, con la bandera alemana en la alfombra roja, el muro amarillo y el muro negro). Se asoma y queda suspendido en el “intersticio”, atrapado entre dos corrientes. De repente, hay una cúpula flotando. Compara la cúpula con su propio reflejo. La decoración es el borde. Y la forma también lo es. Las formas se conocen desde sus fronteras. La relación figura-fondo del Barroco, un  límite no definido, que confunde, que es atmósfera, persuasión y ambigüedad. El positivo y el negativo. El yin y el yan. Las formas, como el conocimiento, son sus límites. El límite del conocimiento es en realidad el contacto con todo lo demás, que es lo que no se conoce, lo que no se sabe. El borde es importante hasta en las cáscaras. En él está el conflicto, puede que sea porque ahí se produce la acumulación de cargas.

Hay una dualidad muy presente cuando se trata de espacio negativo y positivo, vacío y lleno, fuera y dentro. Ambigüedad y ambivalencia. No siempre, pero a veces son espacios reversibles. Y hay dos formas de ver la Arquitectura, la arquitectura planteada para algo y la arquitectura planteada para ella.

En la cámara oscura lo importante es la imagen que contiene. Un belvedere es un sitio con una bella vista. En Santa María del Naranco, el contenido es una visión al paisaje desde sus ventanas, en este caso el contenido es paradójicamente exterior. En esos lugares, lo ideal es no ver la cámara. Exactamente como ocurre bajo el manto de una antigua cámara de fotos donde “sólo puede verse lo que se ve”. En la capilla de Aquisgrán, el contenido es interior, es un altar, un relicario. La capilla es un museo. Un espacio con direccionalidad. Es el espacio servidor de Kahn. Podría ser un espacio desde la sombra.

En la cámara clara lo importante es el ojo. Un espacio para él mismo. Objeto que ve, que controla. La cúpula se mantiene como al margen. En el Panteón de Roma, no hay altar, su centro es un vacío. Debajo de ciertas cúpulas se produce una sinestesia-cenestesia (sensación general del estado del propio cuerpo, que se percibe como síntesis de las sensaciones internas) una confusión de los sentidos una interpenetración de sensaciones. En los espacios miradores, el propio espacio es el ojo. Hay una sensación (visual) de que estás en el ojo. O de que tú eres el ojo. A veces con una mano parece poder tocarse la luna. Un espacio en parte inútil, en ocasiones simplemente hermoso. El espacio servido de Kahn. Y podría ser un espacio desde la luz.



Cuando la obra mira, el creador no debe hacer lo que le venga en gana porque puede crear incoherencias. La obra ha hablado, el creador debe oírla. 

marta guirado

sábado, 26 de marzo de 2011

el orden es


La utopía está en el horizonte. 
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos 
y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
¿Entonces para qué sirve la utopía? 
Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano
 















El orden es en la naturaleza. Existe, es primigenio. La fuerza creadora del orden es diseño en potencia. “La naturaleza del espacio refleja lo que éste quiere ser”, las sugerencias del lugar, el genius loci. Hay ideas para transformarlo, pero no deben ir contra él.

Cuando Kahn se refiere a auditorio, está hablando del instrumento de proyecto, que no es otro que el receptor. El oyente, los oyentes en la medida en que también son recipientes, destinatarios. Sin sensor no hay sentido. ¿Qué sentido tendría la realidad sin alguien que la percibiera?

El punto de partida del proyecto para Kahn es el hombre.

En el espacio está lo que el espacio quiere ser. El diseñador, el arquitecto, ha de olfatear sus potencias para transformarlas. ¿En qué puede transformarlas?

Pero en el diseño no todo vale, por eso un caballo pintado con rayas no es una cebra. La naturaleza es el por qué, la Razón. El orden es el qué, la intención, la idea. El diseño es el cómo, la forma. Y las formas son construcción, en cuanto que son estructuras posibles. Todas las formas concebibles son posibles. Nervi o Candela hicieron crecer formas porque buscaban la esencia de los elementos estructurales, y fueron más allá de lo realizado hasta su momento. Si las concibieron pudieron estructurarlas para que existieran. Si se descubre en qué no funcionan, es posible transformarlas para que puedan realizarse.

El diseño alienta más diseño porque busca la transformación de un orden, transformación basada en las potencialidades de ese orden. En realidad el diseño es una persecución basada en la experiencia y la imaginación, porque la imagen es la memoria.










Lo que Kahn dice: “el mismo orden creó al elefante y creó al hombre. Son diseños distintos”, es la afirmación de un evolucionista, que trata el ser como potencia. “Iniciados por aspiraciones distintas, plasmados por circunstancias distintas”. Son desarrollos distintos basados en una misma potencialidad.


El orden no implica la belleza, ni el diseño es hacer belleza”. Cuando dice que la belleza surge por selección, Kahn se está reflejando en el espejo evolucionista, describiendo los sucesivos pasos desde el no valor al valor. Pasos que tienen distinto peso. Está la afinidad, la búsqueda de lo semejante en el contexto. En otro estadio figura la integración, que es la búsqueda de la forma por medio del material. Es aprovechar las potencialidades. Es un poco lo que ocurre en ciertos “ser” de los orientales, las artes marciales consisten en encauzar las fuerzas. Finalmente está el amor, la creación de una ética por la voluntad. El creador puede amar la forma porque le ha dado vida.

De lo que el espacio quiere ser, lo insólito puede desvelarse al arquitecto”, porque no viola la Naturaleza, de nuevo sólo aprovecha sus potencialidades.
Del orden sacará la fuerza creadora y la capacidad de autocrítica para dar forma a este insólito, la Belleza se desarrollará”. Muchas de las cosas que nos rodean son insólitas, pero existen. Transformar la realidad no es imposible. Sólo basta con diseñar otra, basada en el orden posible, que es el real.



Podría inferirse que Kahn está diciendo que no existe la utopía. O que la utopía -proyecto a largo plazo- es imaginable. Sólo son imaginables las utopías que son posibles, y cualquier realización arquitectónica lograda es la realización de una utopía posible.